Sobre el solsticio de invierno

Escrito por:M∴ M∴ Carlos Patricio Sáenz Collins XXXIII

                  -Has notado que todo en esta vida tiende a ser cíclico- cuestionó Ferécides a su alumno – Los adultos buscan regresar a los lugares donde crecieron cuando pequeños. Los ancianos se comportan como si fueran niños. Cada año vuelven a pasar las cuatro estaciones. Todo en el avanzar de la vida tiende a ser circular.

-Pues sí, pero este invierno no es igual que el invierno pasado ni lo será el del próximo año- aclaró el joven alumno -en tal caso estamos hablando de una espiral.

-No seas tan estrecho en tu pensar Pitágoras. O ¿No es la espiral otra perspectiva de trazar un círculo?- concluyo Ferécides (Morilla, 2004).

Introducción

En el aparente recorrido circular del Sol, este pasa por dos puntos críticos o Equinoccios y por dos puntos de inflexión o Solsticios. Estos Solsticios y Equinoccios son cuatro puntos de cambio en el viaje solar a lo largo de las estaciones. Al igual que la senda de la vida estos cuatro puntos marcan el nacimiento, el crecimiento, la madurez y la muerte, que lleva consigo el renacimiento (Xuan, 2017).

Desarrollo

La palabra Solsticio proviene del latín solstitium, formado por sol y la raíz stit, que deriva del verbo sistere “detener” (Real Academia Española, 2014).

El Solsticio de Invierno se produce en el instante en que existe la mayor distancia angular negativa entre la posición del Sol y el ecuador celeste. Correspondiendo este día al de menor duración del año o a la noche más larga del año. Esto marca el inicio del invierno. El Sol mantiene la mínima posición en el cielo del mediodía durante el Solsticio de Invierno. Alcanza su menor declinación en el Cenit durante tres días, para posteriormente comenzar su ascenso gradual (Frau-Abrines y Arús, SF).

Desde tiempos inmemoriales los Solsticios han representado fechas de gran significación para todas las culturas. En muchas civilizaciones antiguas la arquitectura estaba basada en fundamentos astronómicos, siendo el Solsticio de Invierno la clave de estos fundamentos (Anónimo, 2016).

En la antigua Roma se conmemoraba al Dios Jano, representativo del Sol, quien presidía las iniciaciones, en particular el ingreso del Sol en los dos hemisferios celestes. Así en la mitología romana se celebraba en el Solsticio de Invierno la “Fiesta del Sol Invicto”, representando con ella la prevalencia del Sol o de la Luz sobre la Noche o la Oscuridad, ya que es el inicio del retroceso de la oscuridad sobre la humanidad y el renacer de la vida adormecida en la época de carencia (Anónimo, 2018).

Las representaciones del Dios Jano lo muestran bifronte o de dos caras, una joven y otra vieja, representando el cambio que se lleva a cabo en el Sol, una mirando al pasado y otra al futuro. Existen también algunas representaciones que lo muestran trifronte, con una tercera cara al centro que hace alusión al presente, que por esencia es efímero, pues apenas lo nombramos y ya es pasado, sin embargo, dado que el Sol se detiene, nos abre la posibilidad de ver la cara del presente mirándonos. Las celebraciones al Dios Jano conmemoraban el comienzo de la nueva vida, del nuevo año (Anónimo, 2016).

En la actualidad la fiesta del Solsticio de Invierno de Jano ha sido sustituida por el día de San Juan Evangelista. Juan es similar a Jano o Janus, el cual significa “Puerta”. De ahí que los solsticios fueran llamados “La Puerta de los Cielos”. En sus representaciones, el Dios Jano suele portar unas llaves (Palacio-Acosta, SF).

En todas las celebraciones Solsticiales el fuego formaba parte esencial del ritual de celebración pues el fuego es uno de los misterios más grandes de la vida. El fuego puede verse, puede utilizarse, pero nadie sabe lo que es en realidad. Lo único que se puede decir, es que sin él ninguna verdadera creación, ninguna verdadera transformación es posible (Aïvanhov, 1960).

La mayor parte de las antiguas religiones son filosofías naturales, que extraían sus principios filosóficos y sus conductas morales y rituales de una atenta observación de la naturaleza, y particularmente de los astros. Esto se basaba en un pensamiento analógico del cual se derivaba un sistema de correspondencias que concebía al hombre como espejo del macrocosmos. El Sol era el símbolo de la personalidad, el sí mismo divino, el gran héroe que atraviesa todo tipo de peripecias en su viaje anual, incluyendo el descenso al inframundo, lo cual marca el triunfo de la luz y la prueba de la inmortalidad de la vida, que siempre se regenera (Xuan, 2017).

Conclusiones

Es el ser humano o ese pequeño sol que atraviesa las mismas etapas que el astro Solar quien debe convertirse en el protagonista de su propia odisea cósmica. De ahí que para los Masones el Solsticio de Invierno sea una época de recogimiento, de conservación de energía, de reflexión y renacimiento, en espera del triunfo de la Luz, porque en estos eternos ciclos de la vida siempre se puede renacer.

Bibliografía

 

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